El honorable Conde Odilo Estévez Yañez (II)

Historia sobre Odilo Estévez Yañez su vida y su legado.

Historia sobre Odilo Estévez Yañez su vida y su legado.

Odilo Estévez Yáñez, fue un buen gestor comercial y buen industrial; en todos los viajes realizados a Europa, con su esposa, sirvieron para adquirir colecciones inglesas, francesas, muebles de estilo, lienzos, cristalerías, etc. que le hacía recordar a los “palacetes europeos”. “Villa Firma”, empezó a construirse en la última década del 1.800 terminando en 1.927 con una superficie de 16 has., bordeado por el rio Calalumba en más de 600 metros.

Esta propiedad empezó a llamarse del Conde Estévez, comerciante e industrial de “Yerba mate” y también propietario de la marca “43” bautizándola por “Firma Mayor de Estévez”.

Se comentaba, con la implantación de la II República Española, Alfonso XIII, pudiera pasar su “exilio” en tan hermosa mansión, pero no fue así. Los Mayor de Estévez, se dedicaron a incorporar delicadas fuentes de mayólicas reproducciones de Goya, y Odilo Estévez, como un buen gestor cultural, se dedicó a las artes plásticas permitiendo reproducciones de sus obras, asistiendo a eventos y convocatorias, como la Muestra de Arte Retrospectiva de 1.923, desarrollando cargos de tesorero, vocal y vicepresidente de la Comisión Municipal de Bellas Artes, de 1.929, 1.930 y 1.931 en que terminó su presencia pública.

La faceta filantrópica del matrimonio se hizo efectiva con donaciones, por ejemplo del “Cristo Yacente”, y cuatro obras más en 1.929 que posiblemente habían adquirido y de cuya recompensa obtuvieron los
“Premios Estévez Adquisición” de Rosario (Argentina).

Hay que tener presente que la preferencia de piezas europeas por los Mayor y Estévez, puede ser la búsqueda del origen del Estévez de Freás de Eirás, del ayuntamiento de Ramirás en la provincia de Ourense. El objetivo antiguo es siempre en la aceptación del término: “Retrato de Familia”.

De todo esto, el más beneficiado fue el Museo Histórico Provincial, al cual Firma Mayor cedió piezas en préstamo para exposiciones y donó otras tantas, siendo vicepresidenta de la Asociación de Amigos, de dicha Institución.

La existencia, en aquél entonces, de una “cultura” por el coleccionismo, implicó al conde Odilo Estévez Yáñez, por un lado, a la identificación con su realidad de la casa paterna de Freás de Eirás, y por la otra, al deseo de reproducir una parte de su terruño de origen en su niñez. Esto explica la decisión de adquirir en propiedad 16 has. en Capilla del Monte, no solo como aporte al “capital”, sino como material simbólico al posible matrimonio, empujado por la burguesía rosarina, al coleccionismo artístico y a la posesión de bienes, necesario para un emigrante.

La realidad nace en 1.920 ya con la inauguración del Museo de Bellas Artes y el Museo Municipal de Arte Decorativo con Firma Mayor; y así sucesivamente, como consecuencia de su vinculación con el mercado europeo del arte, ya por sus viajes a Europa, ya por intermediarios o quizá por las compras directas, aunque la primera lo fuera en el mercado local. Fuere como fuere, el conde Odilo Estévez, mantuvo un destacado papel dentro de la burguesía local de Rosario, aunque antes, repetimos, escalara en la ciudad de Colón-Entre Ríos, más concretamente en el molino de Macías.

Retomando Capilla del Monte, en Córdoba (Argentina), a orillas del rio Catabalumba, donde precisamente se halló un antiguo asentamiento indígena, que en el siglo XIX, fue convertido en su magnífica mansión solariega.

De la Capilla del Monte, el espíritu de Sancho y yo, entramos por la puerta principal guiados por un cartel tallado en madera, dirigiéndonos hacía la izquierda, de la primera manzana, tras desandar unos 300 metros hasta llegar al gran arco de entrada al complejo que sostiene el gran portalón de hierro forjado, artística obra de forma colonial que separa distintos sectores del mismo edificio, en clara alusión a la arquitectura del feudo andaluz; a la derecha, un centenar de viejos olivos llevados de España, como regalo del honorable conde a su Firma Mayor, su amada esposa, que su yerno mantuvo en pie como testigos oculares de los deseos del matrimonio; a la izquierda, Sancho y yo observamos una antigua casa recostada contra el camino público que rodea la propiedad, manteniendo en su interior, el murmullo y candor de los “parroquianos” del siglo XIX, por haber sido en esos momentos “os polbeiros do poboado”.

Continuara…

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