El honorable Conde Odilo Estévez Yañez (IV)

Historia sobre Odilo Estévez Yañez su vida y su legado.

Pasamos Sancho y yo, por la siguiente puerta, localizamos una escalinata que nos lleva al antiguo “oratorio” con sus alzados eléctricos azules de mayólicas finamente decorados y figuras sacras de cerámica, etc… descendimos hacia lo que sería la “sala de juegos” llegando a la “habitación condal”, allí un gran ventanal de “vitreux” se extiende más allá de las gruesas paredes dejando que el sol invada la sala, los retratos, los dibujos ilustrando distintos libros del poeta Sebastián Alejandro, en su época de propietario, ganador de dos “Martin Fierro”, premios, recordatorios y fotografías, junto a importantes artistas. Aquí, precisamente nos detenemos y dejamos que las musas que lo invade con el ritmo de poesía, verbo sencillo y simple del poeta, que supo describir sentimientos, misterios, alegrías de la vida y del amor…

Seguimos observando obras escultóricas de Chierika, Lola Mora y otras, acompañando la figura de jóvenes en la obra “La Fuente de la Vida”, en el centro de la habitación una vitrina con las obras completas de Sebastián Alejandro y cartas, entre ellas, las de Neftal Ricardo Reyes o Pablo Neruda.

Sorprendidos por tanta magnificencia, la del “balcón” por ejemplo, decorado con mayólicas, arcos y frisos que persisten en los tonos y diseño místico pese al paso de los años, y del sol que implacablemente se posa sobre ellos, desde allí otra nueva sorpresa, con el “ paseo de la condesa”, un parque delimitado por un largo banco que encuadra un “sillón principal” con reproducciones de Goya donde la tradición cuenta que la “condesa” gustaba pasear las tardes; más allá, adivinábamos las copas exóticas de los pinos cuyas hojas simulan helechos que todos los inviernos se tiñen de un profundo color teja, tilos y otros, que regalan a diario su “perfume” de sus hojas.

Pasamos seguidamente a la denominada “sala contigua” y en la esquina, hallamos un gran reloj alemán de péndulo, tipo carrillón, presidiendo la sala, tallas de madera que interpretan “letras” de Sebastián Alejandro; en la siguiente habitación pudimos contemplar el “poncho de Enrique Muiño”, fotografías de escenas gauchas, un gran recordatorio al gran actor, con firmas de Tania, Cadicamo, Zabalúa, Córdoba y otros, obras pictóricas etc., y bajando las escaleras llegamos a la antigua “sala de reuniones” donde además de contemplar el grosor de las paredes que alcanzan unos 0,80 centímetros de espesor, también pudimos observar la mano del mítico pintor con imágenes “flor de Lis”, en brillante material de oro sobre fondo azul.

Una auténtica preciosidad para Sancho y yo; nos acomodamos en unas sillas para observar atentamente un “monitor” de la historia viva del lugar, filmación de 1.920 en la cual puede apreciarse, los Estévez-Mayor, recorriendo sus parques, como en los cuentos de hadas, los baños en la piscina, la fauna y la flora con todo su entorno, cuyo documental describe también, el proceso de “ yerba mate”, la marca “43”, el imponente “hogar de leña” que Sancho preguntó ¿ por qué allí?, no pudiendo dejar las imágenes y la suave música de aquel pasado, enclavado en un bello y delicado patio andaluz, bellamente decorado en sus capiteles, sus suntuosas arcadas, frisos, el imponente “hogar a leña” que Sancho tan extrañado se quedó, con sus diseños enigmáticos, tapices de Goya, y una gran imagen de don Quijote, al cual exclamó Sancho: “¡mi amo!” en el momento en que se aprestaban a partir hacia su aventura, cuasi transportados a las páginas de “las mil y una noches” que a Sancho tanto emocionó.

La enorme fuente, la fuente de los sapos hasta la cabeza de león, para llegar a la piscina caminando y cruzando el portalón frente a la mansión, (algunos le llaman castillo), para ver a la izquierda la “usina” privada, como se dice en América.

Con Sebastián Alejandro, como propietario, pasó a denominarse “Pueblo Encanto” y fue la primera en poseer luz eléctrica, garaje para coches de caballo ya lo tenía, y casa del personal de servicios también, palomar convertido en molino, bajo la imaginación del poeta; imagen tallada del Quijote con su caballo apoyado por su “reconocido y fiel criado” al verse en tan espléndido lugar, y un poco más a la izquierda la cabeza de Cervantes, tallada en piedra y debajo escenas del Quijote, entrañables para Sancho, en mayólicas piezas.

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